El verano pasado tuvimos ocasión de participar con un grupo de 12 jóvenes de nuestro municipio en una actividad de intercambio Juvenil Erasmus+ relacionada con la gestión de nuestro tiempo y nuestras potencialidades. Ha supuesto un interesantísimo aprendizaje experimental por lo que hace a las oportunidades y el planteamiento integral con el que estaba diseñada la experiencia.
Salir de la zona de confort y creer en uno mismo:
¿Cómo es el momento en el que un joven supera sus miedos y se da cuenta de que es capaz de más? Jóvenes de Letonia, España y Estonia buscaron respuestas a esta pregunta durante el proyecto de intercambio juvenil Erasmus+ «Orange Elevator», que se centró en ampliar las zonas de confort, el crecimiento personal y la participación ciudadana.Durante ocho días en Sunīši, Letonia, nuestros jóvenes participantes tomaron parte en una amplia gama de actividades educativas no formales que les animaron a salir de sus rutinas diarias, asumir riesgos, cooperar con los demás y explorarse a sí mismos desde una nueva perspectiva. A lo largo del proyecto, los jóvenes reflexionaron sobre cómo permanecer dentro de su zona de confort afecta a la motivación, el aprendizaje y los hábitos cotidianos, así como sobre la importancia de dar el primer paso hacia el cambio.
El programa les permitió realizar una excursión en la naturaleza que no solo puso a prueba sus límites físicos, sino que también les ayudó a generar confianza dentro del grupo y a superar sus miedos. Los participantes cocinaros su propia comida en el campo junto con compañeros de otros países. Las actividades de improvisación y de fomento de la confianza contribuyeron al desarrollo de las habilidades de comunicación y la confianza mutua en un entorno multicultural. Tuvimos también visitas a un centro de asistencia social y a la comunidad juvenil «Lastādija», así como participación directa y compartida en actividades deportivas para personas con discapacidad visual, que proporcionaron una experiencia emocional especialmente intensa. Estas experiencias fomentaron la empatía, sensibilizaron sobre el valor del voluntariado y reforzaron el sentido de la responsabilidad social de los participantes.
En talleres prácticos, los diferentes grupos multinacionales crearon cortometrajes sobre diferentes temas: encontrar la motivación, superar la pereza y tener el valor de probar algo nuevo. Este proceso creativo permitió a los participantes no solo expresar sus opiniones, sino también darse cuenta de que muchas otras personas comparten miedos y retos similares. A través de debates y sesiones de reflexión, los participantes exploraron la procrastinación, la gestión del tiempo, los valores personales y cómo los pequeños pasos pueden conducir a un cambio significativo.
En el proyecto participaron 30 jóvenes de entre 14 y 17 años, incluidos participantes con menos oportunidades que se enfrentan a retos sociales, geográficos o relacionados con el aprendizaje en su vida cotidiana. Un entorno seguro y de apoyo garantizó que todos se sintieran aceptados y pudieran participar activamente, independientemente de su experiencia previa.
Al final del proyecto, los participantes informaron de un aumento de la confianza en sí mismos, una mejora de las habilidades de gestión del tiempo y una mayor confianza en sus propias capacidades. Para muchos, la experiencia se convirtió en un punto de partida para un estilo de vida más activo, una mayor participación en la vida cívica y una voluntad continua de superarse a sí mismos más allá del proyecto. Hemos comprobado que esta valoración positiva no solo la perciben los participantes, sino también sus familias. La actividad se ha realizado con adolescentes que han hecho ejercicio de responsabilidad, organización y autonomía personal.
Durante el intercambio juvenil, se crearon cinco cortometrajes, junto con consejos prácticos sobre la gestión del tiempo y el mantenimiento de la motivación, que servirán de inspiración para otros jóvenes. Los cortometrajes se pueden ver aquí: https://www.youtube.com/playlist?list=PLbpQdbl-TBsIsVRTH1DUcJjj9RCNYTkvL
El proyecto demuestra que, al crear un entorno seguro y proporcionar apoyo, los jóvenes están dispuestos a salir de su zona de confort y crecer, tanto a nivel personal como en su papel de miembros activos de la sociedad.
Las actividades del proyecto se llevaron a cabo entre el 1 de junio y el 30 de noviembre por la Asociación de Iniciativas Juveniles de Ogre «Talantu kalve», en colaboración con socios de España (Delegación de Juventud del Ayuntamiento de Cabra –Córdoba-) y Estonia. El proyecto fue financiado por la Unión Europea. Esta publicación refleja únicamente las opiniones del autor y no representa necesariamente las opiniones de la Unión Europea, la Comisión Europea o la Agencia de Programas Internacionales para la Juventud, que no se hacen responsables.
A raíz de esta actividad, os compartimos la percepción de algunas de las personas que han participado en esta experiencia; Elena Roldán nos cuenta:
Aunque tenía muchas dudas de por medio, por la inseguridad de no sentirme perteneciente a un grupo de desconocidos letones y estonios, estuve acompañada de mi grupo, cada uno con nuestra propia mochila llena de miedos e incertidumbre, y nos montamos en el avión sin saber que nos iba a deparar.
Aun llegando de madrugada, nos esperó Iveta para ofrecernos comida. Allí, pasamos la noche con futuros amigos, con los que conversamos nada más levantarnos.
Parte de las actividades estaban plenamente enfocadas a la temática del proyecto, entre las que destaco actividades relacionadas con cómo lidiar con el estrés, talleres que nos hicieron salir de nuestra zona de confort e incluso, paseos por la naturaleza de Letonia entre grandes árboles mientras hacíamos dinámicas. Sin embargo, para mí las actividades más enriquecedoras fueron el voluntariado y el tiempo de convivencia entre todos.
El voluntariado simplemente me fascinó, tanto la visita a la residencia como las jornadas deportivas con personas invidentes, aprendí que no hay nacionalidad ni idioma de por medio si podemos entender y aprender del otro por su mirada, que sin palabras, supe que estaban agradecidos de que estuviésemos allí. De igual forma, agradezco la gran implicación de los grupos de chicos extranjeros. Puesto que, conseguimos formar una muy buena relación entre todos. Pensando en retrospectiva, les agradezco que me enseñaran que tan equivocada estaba sobre ellos. Me los imaginaba serios, de pocas palabras, gente con la que no sería fácil conectar. Sin embargo, me llevo gratos recuerdos de momentos en los que bailábamos sin sentido, tuvimos conversaciones profundas, aprendimos nuevos idiomas y nos acercamos sin necesidad de un traductor de por medio, sino que todos éramos adolescentes a quienes les dieron un espacio donde crecer y poder expresarse libremente.
Para mí el participar en un Erasmus + fue mucho más que un viaje. Fue romper totalmente mis esquemas sobre el mundo que me rodeaba. Tal como Europa quiere, descubrí distintas culturas y personas en circunstancias que no me hubiese podido imaginar, y me di cuenta que, por muy distintas que seamos, seguimos siendo personas con sueños y vidas por descubrir. Me sentí muy inspirada, sobre todo por las chicas de 16 años que planearon el proyecto. Keita y Marta me demostraron que no importa la edad si realmente quieres conseguir algo, lo que me ha animado a crear mis propios proyectos.
Gracias a “Orange Elevator” , no solo desarrollé habilidades para manejar el estrés y el tiempo, no procrastinar o salir de zona de confort, sino que me enamoré de Europa, de los Erasmus + y de todo lo que me podía ofrecer decir un “si” ante una experiencia que volvería mil veces a repetir.
Paula Romero también hace un resumen:
Mi experiencia en el Orange Elevator me ha ayudado a crecer como persona, a tener otra perspectiva de la vida y a poder comprender cosas de todo el mundo. He conocido a personas que de una manera y otra me han cambiado. Estoy muy agradecida de poder haber vivido esta experiencia.
Alejandra Pérez nos deja una reflexión:
El proyecto Orange Elevator ha sido para mí un cúmulo de experiencias inolvidables que desembocan en lo que se me presentó cómo un gran reto personal. “Stay out of your comfort zone” era el main topic del intercambio juvenil al que me fui sin pensarlo más de dos veces, y claro que lo fue… mi zona de confort estaba bastante lejos de Letonia. Sin embargo, allí, en aquel rincón de un bosque sembrado a orillas de un lago encontré un espacio al que no pude llamar hogar porque no pude quedarme más tiempo.
Un joven, como motor del mundo moderno, no puede ser verdaderamente consciente del mundo y sus necesidades hasta que no se atreve a palparlas con sus manos.









